viernes, 6 de enero de 2017

Características del Vanguardismo latinoamericano


Ortega y Gasset identifica varios recursos de las vanguardias para romper con el sentimentalismo y antropocentrismo del artista del siglo XIX, como son la abstracción, autorreferencialidad, puerilidad, ludísmo, ironía, e incluso las tendencias suicidas.

Kahler sostiene que la vanguardia es el clímax de una tendencia destructiva de la modernidad, que tiende a quebrar con los principios de coherencia y organización que regían el arte occidental hasta el siglo XVIII. Se trata entonces de una desintegración de la forma artística, como consecuencia de dos factores: un interés romántico en las «fuerzas obscuras de la psique» (que culmina en el absurdismo y el automatismo vanguardista) y la «creciente inseguridad del artista ante el lenguaje y la comunicación» (que se manifesta en un aumento obsesivo del ejercicio metalingüística).

Para Poggioli, por su parte, el término avant-garde se comenzó a consolidar, durante la segunda mitad del siglo XIX, en el momento que al artista se le comenzó a demandar una postura política activa, frecuentemente izquierdista y siempre radical, de negación o renovación del statu quo. Las vanguardistas, para el estudioso, se pueden caracterizar así por su «activismo» o entusiasmo agitador, típicamente juvenil; su «antagonismo» o agresividad sistémica; su «nihilismo» o inclinación destructiva, y su «agonismo» o predisposición para el autosacrificio, en nombre de futuros valores.




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